15 noviembre 2016

...ya he leído: La ràbia, de Lolita Bosch



Sinopsis

Lolita sufrió insultos y humillaciones, y sintió la indiferencia y el desprecio. Se convirtió en alguien que quiere pasar desapercibido, una nadie, y tuvo que aprender qué es ser de hierro y sólo querer que los días que pasaban tan lentos acabaran, acabaran, acabaran ... Tiempos de cruel complicidad entre compañeros de clase, pero aliviada por un diario de color verde donde la autora empezó a escribir sobre la insoportable sensación de ahogo que la echaba por tierra, sobre la oscuridad que la rodeaba y la rabia que creció pensando que sería eterna. Hasta hoy.

"Em dic Lolita Bosch. Tinc 45 anys. Però mai, fins ara, no m'havia atrevit a dir públicament que dels 14 als 17 anys vaig ser víctima del bullying." 


Comentario

Esta pequeña novela que sin duda resulta apreciable en relación a la espeluznante cantidad de criaturas y más tarde jóvenes que sufren acoso durante su etapa escolar, me ha recordado algo a la cocina de la novela de no-ficción que proponía Javier Cercas con El Impostor. Parece que tomar datos comprobados sobre horrores humanos e intentarles dar un efecto emocional o, quizá más bien, emotivo, es ahora como una especie de subgénero novelístico con reconocimiento. Lolita Bosch propone con forma ligeramente literaria, adopta algún que otro recurso realmente resultón (esos momentos en los que hace llamar Tu a la personaje protagonista), toca la cuestión estadística con datos sin duda verídicos (pàg. 132), reflexiona sobre el análisis de la cuestión del acoso escolar en los medios de comunicación, la presencia del suicidio, ...pero no le acaba de salir redonda la obra.

El uso variable en la forma de designar a los personajes que va en detrimento de una buena lectura, ya que cuesta entender el valor de la referencialidad directa a las personas de la vida real. Mo, Eu, Ca, el amigo Ga..., con estas abreviaturas poco habituales en nuestra generación.  Las iniciales para dotar de anonimato los testimonios de unos jóvenes a los que, sencillamente cambiando el nombre, ya los haría partícipes reconociendo su testimonio en la lectura. Otros aparecen con nombre propio Anna, Dani, Cristina, Jordi, Manel... Lolita. Lolita Bosch tiene hasta nombre y apellido. Esta variabilidad alborotaba mi lectura.

El espacio literario parece verse planteado des de la disyuntiva clásica en la literatura de la vida urbana / vida rural. Oh, aquí la intertextualidad le juega una mala pasada a Lolita Bosch. El espacio rural es amoroso e idealizado y el espacio urbano es indeterminado, se esboza cómo salido de alguna película norteamericana (en la que las animadoras seguro que son "populares") y resulta poco verosímil. Todo muy vago, unos chicos que viven en unos barrios muy poco definidos, con un buen estamento social que no se concreta en nada, en una situación siempre indefinida, una ciudad de provincia indeterminada... No creo que esta imprecisión continua pueda ayudar al lector a identificarse con los personajes en el sentido de ponerse en los zapatos de quién ha sufrido el acoso, porque resulta difícil ponerse en su piel.

Llega un momento en que el personaje protagonista consigue hacernos entender la razón del título de la novela. A mí me disgusta que para dar empaque al tema central de la novela no pare de repetir que ahora a eso que ella desgraciadamente experimentó se le llama Bullying. Como si el acoso no fuese terrible ya en sí mismo. Se trata de comprender que la identificación social del problema, desde la denominación podríamos decir, supone un paso adelante para tratar la cuestión como se debe. Esto, en  un ensayo, en un artículo para una revista especializada... pero en ¿una novela? ¿Estamos de broma? 
Pero ese momento de algidez emocional, ese punto en que el personaje expresa con intensidad sus sentimientos, le pone otra zancadilla a la novela en general. Porque llega un momento en que insiste en redirigir estos sentimientos para adoptar con esos personajes un desquite que sólo fluye desde su rabia. La autora, esta vez sí, se está tomando una pequeña venganza sabiendo que la pluma en esa novela sólo es suya y que puede humillarlos moralmente un poquito, para que al menos en la ficción sepan qué se siente al sentirse agredido. Aunque, como ella misma concluye "no entén què em pot haver fet gràcia. I jo, del tot, del tot, tampoc."

Qué pena que la intención no acabe de confluir con el resultado. Aunque estoy segura de que se trata de una obra que puede servir a muchas personas para identificarse, para expresarse, para verse... 

Expreso desde aquí mi rechazo a cualquier forma de acoso.



10 octubre 2016

Orestea

El pasado sábado, 8 de octubre de 2016, he asistido a una de las funciones que ha ofrecido el Teatre Lliure de la Orestea, de Esquilo, en manos del director italiano Luca de Fusco, de la Compañía Teatro Stabile di Napoli. 

Enlazo la crítica de Fernando Solla desde el web En Platea.   
Ha sido una experiencia maravillosa. Solla dice en su texto: "una Clitemnestra descomunal" y, para mí, una Casandra también muy emocionante. Sin embargo, la asimilación del corifeo ha sido mejor en el caso masculino, en mi opinión.