09 noviembre 2006

...ya he leído: El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald

Sinopsis
Esta es la historia del millonario hecho a sí mismo, Jay Gatsby, a quien sólo le mueve una obsesión: recuperar un amor de juventud. Pero Daisy es hoy una muchacha que forma parte de una sociedad frívola y aburrida de sí misma, una criatura encantadora y también dañina. Un magnífico retrato de heroicidad en un mundo decadente.

Comentario
Creo que es importante plantearse cuál de los personajes principales de El Gran Gatsby es el mayor impostor, para poder entender bien el sentido de esta novela. El sentido de la necesidad de crear una impostura alrededor de nosotros mismos... para sobrevivir a nuestra cotidianeidad, para ascender socialmente o para creernos más reales y vitales de lo que en realidad somos, esta es probablemente la interrogación más directa que nos plantea F. Scott Fitzgerald en su novela.
Es difícil reflexionar en profundidad sobre la obra El Gran Gatsby sin desvelar algunas de las acciones más importantes de su trama argumentativa. Me resignaré a hacer leves comentarios sobre mi segunda lectura de esta gran novela que, sobretodo, sorprende por la sencillez con que el autor nos hacer llegar al centro de una gran tragedia tanto vital (en la ficción novelística, se entiende) como moral (ya que lo que nos acaba planteando el autor contiene una gran disyuntiva ética). Scott Fitzgerald nos explica una historia sencilla, algo misteriosa -dada la reservada procedencia del protagonista principal- que se desgrana lentamente, como sin más, para acabar inquiriendo al lector... preguntándole que es lo que él mismo habría hecho en el lugar de Nick Carraway. Me parece que al final todo lector de El Gran Gatsby acaba poniéndose en el lugar del joven Carraway, un personaje que lucha por mantener su integridad en ese conjunto de actores que se hunden en la terrible decadencia de aquella glamurosa sociedad de los años XX.
En todo caso, hace exactamente onze años que leí por primera vez El Gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald y, como suele ocurrir en relecturas en las que se ha superado una cierta línea de juventud, éste ha sido un nuevo libro. Después de haberlo acabado, pienso que al comenzarlo -imaginándome como un personaje de ese Nueva York de los principios del s. XX- yo podría haber sido uno de los tantos asistentes a la casa del Sr. Gatsby en una noche de verano, dispuesta a disfrutar de la diversión, pero sin saber del todo quien era la persona que me abría las puertas de su fiesta. No recordaba el personaje de Gatsby en toda su entereza, tenía tan sólo el recuerdo del hombre desesperado por recuperar un amor de juventud, es decir, al hombre de los grandes festejos… y había olvidado por completo el final de la novela, hecho imperdonable, por supuesto. Lo curioso es que mantenía la vaga idea de que me había quedado algo triste al acabar el libro, y no me acordaba del motivo, ...ahora sí.
Uno de los valores más brillantes de la novela es la construcción de la voz narrativa en el personaje de Nick Carraway, que se nos presenta al principio del libro como un simple observador y que se convierte, al final del relato y después de la sucesión de los hechos trágicos, en el único personaje que sostiene una clara actitud de dignidad. Por otra parte, el desarrollo pausado y elegantemente dosificado de la identidad de Jay Gastby (siempre desde los ojos del joven Carraway) es la mayor baza de obra, por eso me he referido al sentido del figurar, o no, como un impostor al inicio de mi comentario. Pienso que en la vida real, a veces también nos vemos impulsados a convertirnos en impostores, a crear otras identidades, a ser otras personas, a desdoblarnos para soportar lo que nos rodea, o para hacerlo todo más sencillo... o quizá no...
Por último voy a hacer un breve comentario sobre la adaptación cinematográfica de El Gran Gastby que fue protagonizada por Robert Redford y Mia Farrow: mi Jay Gatsby no se parece en nada a Robert Redford!! Ví la película mucho antes de leer por primera vez la novela... tendría que volver a verla para revisar el trabajo del actor... pero así... sin más... cómo que no me lo imagino en el papel.


Bueno, ahora tengo pensado leer Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro, ya os explicaré el qué.

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